El eco de la justicia social en el Estadio Olímpico

Todavía tengo muy presente el recuerdo del momento en que el papa León XIV entró al Estadio Olímpico de Montjuic el martes 9 de junio pasado. Éramos unas 40.000 personas, pero para nosotros, la cincuentena de personas militantes de ACO que estábamos presentes, no era un simple acto de masas ni una celebración litúrgica más. Era una cita comprometida. Veníamos de vivir de cerca la precariedad en nuestros ámbitos, con numerosas personas que no pueden acceder a una vivienda digna ni a un trabajo estable. El ambiente ya se había ido calentando desde la tarde con una primera parte musical muy potente, con las actuaciones de grupos de gospel, la versión rumbera de “Boig per tu” a cargo de Sabor de Gracia y artistas como Siloé, Beret, Conchita y la complicidad de Alfred García y Álvaro Soler cantando juntos. Mientras esperábamos, miraba alrededor y me daba cuenta que allá dentro y en las colas que hicimos esperando para entrar coexistían ideologías y sensibilidades muy diferentes. Desde los sectores más conservadores de la Iglesia hasta movimientos progresistas y de base como el nuestro, pasando por gente que quizás se lo miraba desde una distancia puramente cultural. No todo el mundo entendía la fe del mismo modo, pero precisamente esta pluralidad hacía que el momento fuese más intenso. El estadio estalló literalmente cuando apareció el papamóvil. Verlo recorrer la pista del estadio, tan cerca de la gente, saludando mientras todo el mundo aplaudía y lo aclamaba, nos unió a todos y todas por unos instantes en una misma aclamación. Cuando León XIV tomó la palabra, su discurso no fue de complacencia, sino que conectó de lleno con la fe y la justicia social. Denunció la economía que mata, pero también escuchó el testimonio de una chica con un padre que había maltratado a su madre. Entonces el Papa levantó la voz contra la lacra de los feminicidios, calificándolos de “herida abierta en el corazón de Dios y una vergüenza para la humanidad”. El Santo Padre también habló abiertamente de una “juventud ahogada por la carencia de futuro, la ansiedad del éxito y el aislamiento digital”, y exigió golpear las conciencias ante el aumento de las depresiones y los suicidios entre los jóvenes. Pero si el discurso sacudió, el tramo final del acto al Estadio acabó de emocionar. Para cerrar la vigilia, la Escolanía de Montserrat cantó el Virolai y después el cantante Sergio Dalma se unió a la escolanía para interpretar Em dones força, dieciocho años después de la primera versión que cantaron juntos en catalán. Escuchar el verso “Me das fuerza para superar los obstáculos, me das fuerza para cruzar el océano” bajo el cielo de Montjuic pareció una plegaria colectiva, una inyección de esperanza para todas nuestras luchas diarias y para continuar siendo, desde ACO, apasionados y apasionadas por hacer el bien.
20 años de un mar de fueguitos

Todos somos “un mar de fueguitos”, en palabras de Eduardo Galeano, y éste fue el lema del 20 aniversario de ACO en Córdoba. El acto de celebración respondía exactamente a esta expresión: un acto muy sencillo pero lleno de emotividad y de testimonios de lo que ACO ha representado para la vida, el compromiso y la fe de la militancia de Córdoba. "El mundo es eso: un montón de gente, un mar de fueguitos donde cada persona brilla con luz propia entre todas las demás". Y así, en esta celebración todo el mundo brilló con luz propia. Empezando con el acto en sí, con las palabras de Galeano y con las lecturas del Evangelio que invitan a ser la sal de la tierra y a no esconder nuestra luz. Siguió el vídeo conmemorativo de los 20 años de ACO en Córdoba, donde salieron testimonios tan emotivos como el de Paco Aguilera, que pese a sus impedimentos de salud también asistió al acto, o de Fina Faidella, que acompañó y contribuyó tanto al nacimiento y consolidación del movimiento en aquellas tierras. Después se dejó un espacio para que todo el mundo pudiera compartir lo que había representado ACO en sus vidas, ayudando a construir con cada testimonio unos centros florales que iluminaron la parroquia de las Santas Margaritas, en uno de los barrios más humildes de Córdoba. Y, para finalizar, un aperitivo y almuerzo comunitario, donde todo el mundo aportó algo, desde el salmorejo de Loli hasta el perol de las dos cocineras que lo prepararon (yo habría dicho que prepararon un arroz o una paella, pero en Córdoba se llama “hacer perolas”). En fin, que la sencillez y emotividad de este 20 aniversario debe llenarnos de gozo y de esperanza en una clase obrera comprometida en sus ámbitos y seguidora del estilo de vida de Jesús. ¡Muchas felicidades y larga vida en ACO en Córdoba! Àngela Rodríguez Coordinadora de ACO
Los seis primeros meses en la coordinación de ACO

Estos seis primeros meses como coordinadora de ACO me han hecho descubrir muchos aspectos del movimiento que desconocía, a pesar de llevar como militante 18 años, en los que he tenido varias responsabilidades, la última de las cuales fue responsable de la Zona del Baix Llobregat, pero también he pasado por la responsabilidad de grupo y por la Comisión de Comunicación, entre otros servicios. Como coordinadora, he descubierto (y sigo descubriendo) muchos aspectos de gestión de una entidad pero también de trato, escucha y acogida a toda la militancia de ACO, aunque todavía no conozco a todo el mundo porque llevo poco tiempo, pero espero poder ir tejiendo lazos con los y las militantes de todas las zonas y diócesis. Ya pensaba antes de incorporarme a la coordinación del movimiento que esta es una pieza esencial para garantizar un buen funcionamiento y lo sigo pensando ahora desde el corazón del movimiento; tanto la coordinación como todos los miembros del Comité Permanente contribuyen a que ACO siga adelante, con pluralidad de ideas y de opiniones, pero precisamente eso es lo que hace grande al movimiento y, por supuesto, con la implicación y el compromiso de toda la militancia de base, las personas responsables de zonas y diócesis, de comisiones y de grupos… todo el mundo hace un trabajo muy importante tanto dentro como fuera del movimiento. ¡Todos hacemos crecer y avanzar el movimiento! Sigo con la misma ilusión desarrollando mis funciones que en el mes de noviembre, cuando empecé. También he aprendido muchas cosas nuevas, he tomado más conciencia aún de cuán necesaria es la cotización de los y las militantes para que el movimiento sea autosuficiente y pueda llevar a cabo todas las actividades, jornadas y encuentros, retiros, Semana Santa, etc. Además, la cotización resulta esencial para contribuir a ayudar a quien lo necesita; pienso sobre todo ahora en los y las militantes que pueden estar pasando dificultades económicas. Y también en el movimiento hermano, la JOC, que no atraviesa un buen momento económico, pero que ha sido tan importante para muchos de nosotros que estamos llamados a garantizar su futuro y apostar para que crezca. He tenido que invertir mucho tiempo también en el desconocido campo de la solicitud y justificación de subvenciones, que pueden contribuir a dar un pequeño apoyo al movimiento pero que no representan, ni mucho menos, todos los recursos que necesitamos. Y eso que, en estos momentos, no tenemos tantos gastos porque no hacemos tantos viajes ni actos presenciales pero mantenemos viva la chispa del movimiento y nos seguimos encontrando y haciendo comunidad a través de la pantalla. No es lo mismo que encontrarnos cara a cara, pero nos permite continuar en movimiento. Ojalá podamos volver pronto a vernos en persona, aunque tenga que ser en un primer momento con todas las medidas de seguridad a las que nos obliga el momento actual. Vivimos un tiempo extraño e inédito, marcado por la pandemia, en el que vamos mucho al día a día decidiendo de qué manera organizar cada encuentro, que hasta ahora están siendo online. También todo esto es nuevo. ¡Y quién nos iba a decir que deberíamos elegir nueva presidenta en un Consejo Extraordinario con herramientas de votación telemáticas! Esto no estaba previsto en las Normas de Funcionamiento de ACO, pero lo hemos tenido que organizar y con mucha alegría, ¡por cierto! En el movimiento nos estamos reinventando cada día y nos tenemos que adaptar a la nueva situación. Las pantallas no pueden suplir la importancia de encontrarnos todos y todas juntos, de acogerse mutuamente, de relacionarnos y de comunicarnos, de conocernos más de cerca, pero al menos tenemos estas herramientas para continuar haciendo camino, de manera diferente, pero haciendo camino. Aparte de esta situación, trabajar por el movimiento está representando para mí, como ya me imaginaba, un avance importantísimo en cuanto a mi compromiso con ACO, con la clase trabajadora y con el mensaje de Jesús, que han sido los principales motores de mi acción a lo largo de los años, tanto desde el ámbito laboral como personal. Coincido plenamente con todo lo que nos expresaba la anterior presidenta de ACO, Maria Martínez, sobre lo que le ha aportado esta responsabilidad, aunque a un nivel mucho más humilde. Estoy viviendo este servicio como una riqueza, no exenta de dificultades, es cierto, pero ¿dónde no encontramos dificultades y obstáculos? Además, como nos decía Maria, estoy aprendiendo y me siento interpelada, pero también acompañada, valorada y querida. Y espero seguir aprendiendo y amar, valorar y acompañar al mismo tiempo a todas las personas que me rodean y, en especial, a la familia de ACO. Àngela Rodríguez