Encuentro intenso y emotivo de León XIV con los presos de Brians

La diócesis de Sant Feliu de Llobregat tiene dentro de su demarcación dos prisiones muy próximas, Brians 1 y Brians 2. La prisión de Brians 1, que es la que ha visitado el Papa, tiene unos 1.100 hombres y unas 150 mujeres. Es una prisión de preventivos, personas a la espera de juicio. Es una prisión donde hay mucha incertidumbre y ansiedad porque los internos todavía no saben si serán condenados ni qué tipo de condena tendrán y esto les crea un estado de mucha expectación y mucho sufrimiento. El obispo Xabier fue el artífice de la visita del Papa a Brians 1. En palabras suyas: “El anuncio de la visita a Montserrat ya fue una gran sorpresa y tiene mucho sentido que venga. Pero lo que ha sido más sorprendente todavía es que se pueda encontrar con la que yo denomino la parroquia de la prisión, la comunidad estable de fieles católicos que están en la prisión. Fue una idea que planteamos y que el Papa acogió con solicitud”. El encuentro, aunque breve, fue sencillo y muy emotivo. Se vivió, con intensidad y con mucho respeto por parte de todos los internos y del voluntariado de la pastoral penitenciaria que estábamos presentes. El acto se inició con un canto y después el director del centro penitenciario dijo unas palabras de bienvenida: “No sabe el honor que significa para todos nosotros que haya encontrado tiempo para hacernos una visita. Nunca lo olvidaremos”. Seguidas de las palabras del delegado diocesano de la pastoral penitenciaria, el padre Jesús Bel: “Gracias por su presencia entre nosotros, que nos conforta y nos anima, gracias por mirarnos con ojos de misericordia y por decirle al mundo que existimos, que sufrimos que queremos levantarnos y continuar adelante”. Después de otro canto el papa León XIV escuchó los testimonios de dos mujeres reclusas: Montse, con su testimonio sobrecogedor, dijo que durante mucho tiempo había intentado creer en Dios y no lo había conseguido porque había sufrido mucho con la muerte de su hijo y lo culpaba a Él… Al darse cuenta del mal que había hecho a su familia y pedir perdón a Dios, sintió como su rencor desaparecía y podía dar gracias al Señor por todo lo que ha hecho por ella. Josefina explicó que de pequeña siempre había tenido presente la fe en su vida, recibiendo todos los sacramentos de la iniciación cristiana y sintiendo que Dios andaba a su lado. El accidente de su hijo la hizo cuestionarse muchas cosas… su hijo sobrevivió, fue un milagro. Dentro de la prisión dice que no está sola, que Jesús le da fuerza y vida, que si no es por eso no sabe cómo lo hubiera aguantado todo. León XIV agradeció la acogida recibida, abrazó a las dos internas, saltándose el protocolo, y confesó sentirse “edificado” por las historias que acababa de escuchar. “Todo ser humano es ‘digno’ por el simple hecho de haber sido amado, creado y estimado por Dios”, señaló el Papa. Y añadió: “No hay, pues, ninguna situación que haga al Señor apartar de nosotros su mirada. Es una verdad consoladora que nos acompaña en todo momento y que nos recuerda como su amor misericordioso está siempre por encima de cuánto bien o mal hayamos hecho”. “Cuando os venga la tentación de sentiros menos y penséis que no merece la pena seguir adelante, ‘alzad la mirada’ hacia Aquel que, a través de la presencia de tantas personas, nunca deja de mostraros su amor y proximidad”. “Estimados amigos y amigas, os invito a seguir soñando el sueño de Dios. A cada cual os digo: ¡Dios te ama como eres, pero te sueña mejor!”, señaló el Papa. Y recordó que la vida cristiana no consiste en no equivocarse, sino en aprender a levantarse: “El Señor nos permite a todos empezar siempre de nuevo, puesto que ser humano y ser cristiano no consiste en no equivocarse sino en crecer en la capacidad de convertirse, arrepentirse, enmendarse y, sobre todo, de reconciliarse y de perdonar”. Después de la bendición del Santo Padre y una invocación especial a la Virgen de la Merced, patrona de los presos, hubo un intercambio de obsequios. Las internas le dieron al Papa un plato de cerámica y un cuadro que habían hecho ellas mismas y el Papa ofreció a la prisión un icono de la Virgen María. Con el Virolai se dio por finalizado el acto pero antes de abandonar Brians 1 para dirigirse a Montserrat, el Papa saludó personalmente a algunos internos. Todos los que estaban junto al pasillo central, pudieron saludar y darle la mano al Papa con naturalidad. Al teatro de la prisión, donde se realizó el acto, asistieron solo unos ochenta internos, de entre los que habitualmente participan en la eucaristía los sábados y domingos en las prisiones de Brians 1 hombres, Brians 1 Mujeres, Brians 2 y Wad-Ras de Barcelona y también unos veinte voluntarios de la pastoral penitenciaria. El resto eran periodistas, cámaras de TV, ayudantes de cámara, técnicos, personajes políticos, autoridades, algunos con los escoltas, protocolo de Papa, protocolo de la prisión, funcionarios, mossos de escuadra, seguridad del Papa, policía de paisano… Supongo que un personaje mediático como es el Papa comporta toda esta movida de gente pero me hubiera gustado que fuera un acto más exclusivo e íntimo, para los internos y voluntarios de prisiones, sin tanta presencia mediática y tanto personaje que se quiere hacer “la foto”. En todo caso ya está bien que se dé a conocer la realidad y la pastoral penitenciaria, pero no estaría de más que fuéramos capaces de ver la prisión no como un espacio de castigo, sino como un lugar donde personas que han cometido errores graves tengan la oportunidad de recobrar su dignidad de hijos de Dios.