El 14 de enero pasado murió el cura obrero Romà Fortuny. Podéis consultar los obituarios publicados en Catalunya Cristiana y Catalunya Religió. También lo podéis encontrar en las fotografías del reportaje sobre los Traperos de Emaús de Sabadell, que se publicó en la revista Luzysal n. 13 (ver pp. 30-33).
Así mismo, el 18 de enero murió el teólogo Ramon Prat, un extraordinario testimonio de Jesucristo en la diócesis de Lleida y para los movimientos especializados.

Os compartimos escrito del militante de Lleida, Amadeu Bonet:
La familia de ACO, y de toda la Iglesia leridana, hemos despedido recientemente a mosén Ramon Prat i Pons (Lleida, 18 de diciembre 1945 – 18 de enero de 2026), un hombre que, desde su Lleida estimada, supo tejer una complicidad profunda con los movimientos de laicado comprometido de toda Cataluña y más allá de nuestras fronteras. Para muchos de nosotros, Ramon no era solo el consiliario, el teólogo o el presbítero, sino el compañero de camino que ponía palabras a nuestra intuición de Fe en medio del mundo.
En la comunidad de ACO y en el conjunto del laicado comprometido, la noticia de la partida de Ramon Prat no ha sido recibida como un adiós, sino como la culminación de una ofrenda a la causa del Reino de Dios en medio del mundo. Ramon no fue solo un gran teólogo en la Facultad de Teología de Cataluña o en el IREL o en las muchas tareas eclesiales en las que participó (Concilio Provincial Tarraconense, Cáritas, San Juan de Dios, como pastoralista aportando su pericia en muchas diócesis de todo el estado… ) sino que fue, por encima de todo, un acompañante de vida, un teólogo de la proximidad y maestro de nuestra militancia cristiana en medio del mundo que nos enseñó a hacer un buen vínculo entre la fe y la vida.
Desde la perspectiva de los movimientos cristianos de base, Ramon entendió mejor que nadie que la Iglesia no se acaba en las paredes del templo. Vivió a lo largo de su vida como pastor, primero en la pastoral de jóvenes de la que fue delegado muchos años y nos acompañó desde la JOC y el MUEC, y después como consiliario de los movimientos de adultos, como vicario de pastoral o como presbítero de diferentes parroquias (desde la de Sant Pere de Fraga donde inició su tarea, hasta la Unidad Pastoral Hermanada de la Virgen María del Pilar y Santa Maria Magdalena de Lleida donde ha acabado su peregrinaje), un verdadero compromiso con el laicado. Para él, los laicos y las laicas no somos unos ayudantes del cura, sino los protagonistas de la evangelización en las periferias, en el trabajo, en el barrio, en el pueblo, en la política y en la escuela. Y por allá donde pasó hizo equipo con el laicado, generando un estilo de Iglesia que ahora llamamos Sinodal, para llevar el evangelio al corazón de cada comunidad humana, de cada mujer y cada hombre de nuestro alrededor.
Creyó firmemente en la mística de la lectura creyente de la realidad, aquella capacidad de mirar la realidad con los ojos de Jesús para descubrir el sufrimiento, pero también la esperanza. Nos enseñó que la fe se tiene que trabajar y nos ayudó a hacerlo con el método de la Revisión de Vida: haciendo un Ver con la honestidad de quien no gira la cara ante la injusticia y sobre todo mira a las personas con la ternura de Dios; un Juzgar a la luz del Evangelio como brújula que orienta nuestra mirada; y finalmente el Actuar, con el compromiso transformador de quien se sabe enviado.
Para los movimientos de la Iglesia en el mundo obrero, Ramon, como Jaume Rubió y Ventura Pelegrí, fue un referente. En momentos de desaliento o de duda, que nos podrían haber llevado a encerrarnos, él siempre abría ventanas. Su visión de una Iglesia en salida (mucho antes que el papa Francisco popularizara el término) nos hacía sentir en casa. Era un hombre de diálogo sincero con la cultura contemporánea, con el agnosticismo y con las luchas sociales y sobre todo con cada una de las personas que se le acercaban. Para ACO, su legado es un llamamiento a la esperanza activa. En un mundo que a menudo nos quiere resignados, Ramon nos hablaba del compromiso esperanzado para hacer de nuestra vida servicio al estilo de Jesús.
Como director del IREL (Instituto de Investigación y Estudios Religiosos de Lleida), Ramon democratizó el pensamiento cristiano y construyó muchos puentes entre la fe y la cultura contemporánea. Abrió las puertas de la formación teológica a todo el mundo. Él hablaba con la misma pasión ante intelectuales que ante un grupo de militantes de barrio. Tenía el don de la proximidad. Sabía que en las luchas por la vivienda, por la dignidad del trabajo precarizado o en la acogida al migrante, se jugaba la verdad del Reino de Dios. Huyó siempre de las abstracciones vacías. La suya era una teología de la encarnación. Nos decía que para hablar de Dios, primero había que escuchar al hombre y a la mujer de nuestro tiempo. Nos enseñó que ser cristiano en el mundo de hoy no es una carga, sino una alegría que nos espolea a ser los más solidarios, los más libres y los más comprometidos posible.
En sus últimos tiempos, marcados por la fragilidad de la enfermedad, Ramon siguió siendo maestro. Nos enseñó que la fragilidad (que él vivió con mucha dignidad al final de su camino) no es un obstáculo, sino el lugar donde Dios actúa con más fuerza. Nos enseñó a vivir el paso de Dios también en la debilidad. Su legado a ACO y a los grupos de cristianos de base de Lleida y de toda Cataluña queda grabado en la frase que guió su vida: Compartir la alegría de la fe desde el servicio.
Hoy, desde la militancia cristiana, no lloramos su muerte, sino que celebramos su Pascua. Ramon ya descansa en aquel Amor que nos intentó explicar durante toda su vida, haciéndolo vida. Su espíritu seguirá vivo en cada Revisión de Vida, en cada gesto de solidaridad y en cada esfuerzo para hacer una Iglesia más humana, más abierta, más crítica, más transformadora, más sinodal, en definitiva más evangélica y más de todas y todos.
Y recordando una frase que él siempre citaba de la 1ª carta de san Juan (3,14): sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida porque amamos a los hermanos, hoy sabemos que él ya ha pasado de la muerte a la vida porque ha amado, y mucho.
Gracias, Ramon, por haber sido luz que nos ha mostrado el Camino, voz que nos ha hecho oyentes de la Palabra y alimento con el pan compartido de la Eucaristía. Todo tu trabajo tiene que ser para nosotros un compromiso para continuar haciéndolo vida. Que las semillas que has puesto en nuestros corazones las continuemos haciendo crecer y fructificar.
Podéis consultar la noticia y los obituarios publicados en Catalunya Cristiana y Catalunya Religió.





