Hemos pasado como un péndulo, de la tecnoutopía en los noventa al tecnopesimismo actual. Para tratar de encontrar un equilibrio y criterios de discernimiento, la Comisión de formación de ACO convocó el sábado 14 de marzo la Jornada de formación del movimiento en la iglesia de San Pau del Camp con las aportaciones de Marc Andreu y Xavi Casanovas con el título «La digitalización, ¿una oportunidad para hacer el bien?».
Marc Andreu, periodista, historiador y militante de ACO, y actualmente en la ejecutiva de CCOO de Cataluña, confesó que había confiado la realización de la presentación y un video sobre la temática a la inteligencia artificial. De hecho, la nutrió con diferentes ingredientes (presentación y apuntes que tomó en el último seminario del MTCE, artículos periodísticos…) y el resultado fue bastante consistente.
Por un lado, se aclaró que la mediación entre los hechos y su transmisión no ha desaparecido, al contrario, está más privatizada y monopolizada que nunca a través de los grandes oligopolios de la tecnología (Google, Apple, Microsoft, Amazon…). Precisamente, en un contexto de crisis de los mediadores clásicos, como el partido, el sindicato, el diario, se produce una intermediación oculta que no es controlada por la ciudadanía. También se indicó que la inteligencia artificial ya está actuando en las guerras, provocando destrucción física, pero también en el mundo digital, provocando la destrucción de la verdad.
En cuanto al ámbito laboral, se reveló que un 60% de los trabajadores europeos ya están afectados por la gestión algorítmica y que, a menudo, es con una pretensión de control como herramienta disciplinaria y para el incremento de la productividad. Los algoritmos, caracterizados por la opacidad, ya están condicionando despidos, la asignación de turnos o los criterios de selección de currículums. Si bien hay un marco normativo europeo que abre una rendija a regularlo por la vía de garantizar el control humano de los procesos, las grandes tecnológicas norteamericanas son muy beligerantes y falta que la ciudadanía organizada lo asuma, en particular, los sindicatos en la negociación colectiva.
Xavi Casanovas, profesor en la Cátedra de ética del IQS-URL, de su lado aportó tres ejemplos positivos y negativos del uso de la IA. En el primer caso, recordó que el premio Nobel de Química del año 2024 desarrolló a través de la IA el pliegue de proteínas, muy útil para la investigación farmacéutica; que la IA permite diagnosticar muy precisamente el cáncer de piel por su capacidad de análisis de imágenes y patrones; o que la IA puede ayudar a mejorar la movilidad urbana gracias al análisis de los patrones de tráfico. En cambio, la IA ya está demostrando su letalidad en la guerra sin intervención humana, también se ha dado algún caso de suicidio incentivado por chatbots o, en la educación, se revela eficaz al resolver problemas sin que el sujeto humano aprenda cómo se hace.

El matemático y filósofo apuntó tres transformaciones en el mundo cuando incorporamos la IA: por un lado se pasa de un modelo de comprensión a un modelo de predictibilidad, un contraste respecto a la Ilustración que pretendía conocer las leyes del mundo. De la otra, el paso de la importancia de la verdad a la verosimilitud, un hecho que contribuye a la confusión por la dificultad de discernir lo que es verdad de lo que no lo es. Y, finalmente, la antropomorfización de la tecnología, con robots que tienen apariencia humana y conversaciones con la IA con respuestas muy humanas, un hecho que profundiza la confusión.
En este sentido, se apuntaron diferentes posibles actuaciones:
· Vigilar la fascinación y apostar por el principio de precaución. En un contexto capitalista, las aplicaciones salen al mercado sin ningún tipo de control previo, a diferencia de los productos alimentarios o farmacéuticos. También haría falta no introducir tecnología acríticamente en la educación, cuando en las cosas básicas no hay que hacer muchos inventos.
· Velar por la regulación por edades, como ya nos pasa con el consumo de alcohol o la conducción de vehículos.
· Recuperar la agencia humana e introducir debates democráticos como la regulación por edades o qué capacidades humanas delegamos en las máquinas. Para que esto se produzca hay que parar y sustraerse a la aceleración que introduce la tecnología.
· Hacernos conscientes que hay una dependencia creada detrás del consumo de los smartphones con unos intereses capitalistas que buscan tenernos enganchados el máximo tiempo posible para mostrarnos anuncios y captar datos personales y preferencias.
Podéis ampliar información sobre la temática con estos tres libros que se sugirieron: Redes vacías. Tecnología catastrófica y el fin de la democracia (Nuevos cuadernos Anagrama, 2026), del sociólogo César Rendueles, Una teoría crítica de la inteligencia artificial (Galaxia Gutenberg, 2025), del filósofo Daniel Innerarity y el último Cuaderno CJ, Desconectados. Por una vida improductiva, del teólogo y músico Pepe Laguna.







