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Participantes en el Congreso de Laicos. La autora es la tercera comenzando por la derecha.

Adelante con ese Primer Anuncio, pero en la calle y con mis hermanos

Marzo 06/Lucia Brenlla/

En medio de un ambiente de Conferencia Episcopal, que supone la presencia de 40 obispos y sacerdotes y una pequeña representación de la vida religiosa femenina en España, junto con cerca de 600 laicos comprometidos del territorio nacional, el Espíritu nos ha hecho experimentar de nuevo la fuerza de la Comunidad, de ser un pueblo en camino como lo fue el pueblo de Israel, y de ser un pueblo acompañado con aquella representación tan evocadora de la “tienda de encuentro” en la que Dios mismo bajaba a hablar ratos largos con Moisés e indicarle el camino.

He descubierto que en este barco impulsado por el Espíritu (que tantes veces nos dibuja Fano, quien también nos acompañó en este Congreso) nos encontramos personas, grupos y movimientos muy diversos, al estilo del Arca de Noé. Muchos no tenemos nada que ver, incluso podríamos no entendernos por el tipo de carisma o maneras de vivir o entender el evangelio. Es algo que me cuesta comprender de Dios, pero Él nos ha querido llevar en ese mismo barco y en estos momentos tan complejos de la sociedad y de la Iglesia nos pide calma, confianza, escucha y trabajo.

Me he encontrado en el Congreso personas referentes en mi historia de fe, incluso “padres y madres” de Salamanca, de Valladolid, de Madrid... todos lugares donde di el paso de una fe vívida y transmitida en familia a una fe adulta y viva, de opciones y seguimiento con ese mismo estilo o cariz social y de los pobres que recibí de ellos. Quizá los he visto más cansados o sin aquel fuego del principio porque no ha sido fácil con las inclemencias sociales mantenerse y llegar hasta aquí. Volver a verlos en este barco, me llenó de alegría: “Es el Señor”, sigues aquí, no me has abandonado. Nuestras vidas son referentes de entrega y sostienen a otros. Aunque haga 30 años que no te encuentras con ellos sus luchas te sostienen y viceversa.

Este Congreso me ha servido también para tomar la temperatura de nuestra Iglesia actual. Bajo mi pobre punto de vista y sintiéndome profundamente de una Iglesia de base, perteneciendo siempre a movimientos nacidos del Concilio Vaticano II, y en la actualidad a un movimiento obrero, Acción Católica Obrera, he sentido que la vela que empuja el barco o la dirección que estamos cogiendo sí que es ese PRIMER ANUNCIO o la predicación del EVANGELIO sin andarse por las ramas. Y que es un PRIMER ANUNCIO que cada grupo, asociación, movimiento y congregación ha de repensar y plasmar en su carisma, llevarlo a la práctica como pueda y con su realidad.

Primer anuncio y acompañamiento de procesos personales era algo que hace años quedaba en el ámbito vocacional, de congregaciones o movimientos religiosos. Que nos planteemos que ese proceso es para todos los cristianos es muy importante.

He disfrutado los talleres y los testimonios de las personas comprometidas que se están dejando la vida en barrios conflictivos, que están dando horas de sus vidas para crear espacios para adolescentes y jóvenes... Me ha llegado mucha VIDA.

Pero también he observado y no en lo que se nos ha compartido, sino en los diálogos de pasillo con otros laicos y sacerdotes participantes, que no somos muy conscientes de lo que está pasando en la calle a nivel espiritual y del estado de INCREENCIA SOCIAL TAN FUERTE. Nos veo aún inocentes y con una necesidad grande de formación tanto en la transmisión de la fe como en acompañamiento personal. Nos veo alejados de la realidad y de la misión que Jesús nos encomendó: que todos estemos en la Iglesia, que volvamos a unas formas, moralidad, a rezar el rosario, a cumplimientos que me recuerdan la Iglesia preconciliar incluso de los años 60, 70... 

Si ya cuesta llevar el mensaje en la sociedad actual en la que las mentes se han liberado de los cumplimientos, los fariseismos y la doble moral, ¿cómo vamos a volver a algo que no fue bueno para nadie y de lo que costó vidas y sangre salir? La Iglesia de la que salimos no puede ser nunca la puerta de llegada... ¡No es bueno ir hacia atrás!  Salimos de CUMPLIR, ¡no podemos volver a eso! Porque ha vaciado al hombre de una verdadera espiritualidad y encuentro con Jesús. No era bueno pues no se puede volver a algo que ha hecho daño y no ayudó a construir una sociedad en verdad y libre. 

No podemos decir que el paso de muchos religiosos de haber dejado el hábito para acercarse al pueblo hace 40 años no ha servido de nada. Claro que ha servido y ese era el soplo o la intuición que el Espíritu nos dio para acercarse al pueblo. Hemos de amar nuestra historia y nuestra búsqueda como pueblo y con un respeto sacramental: Dios mismo nos lo hizo intuir y así lo hicimos.

¿Qué nos hace intuir ahora este Espíritu? Seguir adelante, proponer con fuerza el Evangelio, pero no imponer una religión, no querer llevar de nuevo a todos a la Iglesia con grupos, rosarios, cenas, o lo que sea que inventemos. Pueblo en salida no es para traer a muchos a la Iglesia. Pueblo en salida es para estar presentes en todas las realidades sin miedo a perdernos. Hay muchos cristianos de base en la sociedad, desconocidos, anónimos, y muchos otros que también lo son y no lo saben.

Primer Anuncio SÍ, pero en nuestros ambientes y con nuestra gente. 

Acompañar SÍ, pero puede que no sea de momento acompañar procesos vocacionales ni hacia grupos o movimientos, sino más bien reconstrucciones personales o acompañamiento en las situaciones que las personas viven, que ya no son fáciles.

Perderse y mezclarse no ha de ser malo, al contrario, es el olor a oveja que nos recuerda continuamente el papa Francisco. Confiemos que el Espíritu nos sigue hablando y nos empuja a las periferias y a los márgenes, de lo que poco se habló en este Congreso.

Hay muchos cristianos escondidos en sus casas porque no se identifican con la Iglesia oficial de hoy. Caminemos hacia esas periferias para que tantos cristianos con miedo a manifestarlo SÍ SE IDENTIFIQUEN CON LA IGLESIA DE JESÚS, y sí quieran “pertenecer” e identificarse con el Evangelio.

Agradecida de haber participado en el Congreso, de pertenecer a la Iglesia de base, agradecida de todos los que han sido mis referentes y siguen en el barco y adelante con ese Primer Anuncio, pero en la calle y con mis hermanos.

“Fieles” de Maite López, resume este momento de Congreso y a la vez personal.

 

Lucía Brenlla González, responsable de Iniciación en ACO



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