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Renta Básica, un nuevo contrato de ciudadanía

El papa Francesc es va fer seva la proposta dels Moviments Populars d’un salari bàsic universal

La reducción inmediata de la pobreza y la desigualdad y una mayor libertad personal son los principales argumentos a favor de adoptarla

“Un ingreso básico o salario universal para que cada persona en este mundo pueda acceder a los bienes más elementales de la vida. Es justo luchar por una distribución humana de estos recursos. Y es tarea de los Gobiernos establecer esquemas fiscales y redistributivos para que la riqueza de una parte sea compartida con equidad sin que ello suponga una carga insoportable, principalmente para la clase media. No olvidemos que las grandes fortunas de hoy son fruto del trabajo, la investigación científica y la innovación técnica de miles de hombres y mujeres a lo largo de generaciones.”

El papa Papa Francisco expresaba esta necesidad en su mensaje en eI IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares, en octubre de 2021. Y ya lo había adelantado el año anterior, en plena pandemia, en abril de 2020, ante tantos trabajadores “informales, independientes o de la economía popular que viven su día a día sin ningún tipo de garantías legales que los protejan (…) y que no tienen un salario estable para resistir este momento y para quienes las cuarentenas se vuelven insoportables. Quizás ya es hora de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan”.

En Cataluña coexisten distintas prestaciones. Por un lado, está la prestación por desempleo, que es contributiva y a la que se tiene derecho cuando una persona ha trabajado y ha cotizado. Y, por otro lado, existen dos prestaciones asistenciales, la Renta Garantizada de Ciudadanía y el Ingreso Mínimo Vital, para personas que no han podido cotizar o que viven en condiciones de pobreza. La Renta Básica (RB), a diferencia de estas prestaciones asistenciales condicionadas a los ingresos, sería una renta individual, otorgada por la Administración a toda persona (no al cabeza de familia, como ocurre en muchas de estas prestaciones) por el simple hecho de ser ciudadano de un territorio, e incondicional (no sujeta a ingresos ni a tener una determinada condición). La cuantía estaría en torno al umbral de pobreza de la comunidad y debería recalcularse cada año; en el caso de Cataluña sería de entre 900 y 1.000 euros al mes.

La implantación de esta renta sustituiría aquellas prestaciones de importe inferior, por ejemplo, el ingreso mínimo vital o la renta garantizada de ciudadanía. Pero la RB no sustituiría los servicios públicos, ni la sanidad, ni la enseñanza, ni los servicios sociales, ni las ayudas específicas (discapacidad, dependencia o vivienda), sino que se sumaría a un conjunto de otras políticas públicas capaces de reformar y mejorar el Estado del bienestar.

Una de las principales contribuciones de la RB sería que reduciría fuertemente la pobreza y la desigualdad, porque garantizaría un suelo de ingresos incondicional y redistribuiría la riqueza desde las rentas más altas hacia las más bajas. Sería necesaria, sin embargo, una reforma fiscal progresiva para financiarla, de modo que quien más tiene sea quien más aporte. “Cuando se han hecho simulaciones de este tipo de financiación, nos aproximamos a niveles similares a los de países nórdicos como Dinamarca o Noruega en cuanto al coeficiente de Gini, que mide las desigualdades. Saldría beneficiado alrededor del 80% de la población y el 20% más rico pagaría más de lo que paga actualmente”, señala Sergi Raventós Panyella, doctor en sociología y miembro de la asociación Red Renta Básica.

Diferentes economistas como Jordi Arcarons, Daniel Raventós o Lluís Torrens han demostrado que la RB puede financiarse: “El IRPF debería integrarse en la renta básica, eliminar duplicidades de prestaciones sociales y luchar contra el fraude. También se acabaría con mucha burocracia; hay mucho dinero destinado a fiscalizar la pobreza”, detalla Raventós.

Efectos sobre el empleo y el trabajo reproductivo y de cuidados

El trabajo tal como lo concebimos hoy sería una de las áreas de mayor impacto de la RB: “Sabemos, a través de muchos planes piloto realizados, que tendría pequeños efectos o efectos neutros sobre la oferta de trabajo; la gente no dejaría de trabajar, pero sí seríamos más libres a la hora de escoger los trabajos que queremos. En los planes piloto, muchos ciudadanos expresan la necesidad de replantearse la vida para poder dedicarse a actividades artísticas, tomarse vacaciones, formarse o disfrutar de tiempo libre. También expresan la necesidad de reducir la jornada laboral e incluso emprender negocios propios o cooperativas y poder dejar su trabajo actual, sabiendo que, si fracasaran, no sería un desastre porque tendrían un pequeño colchón económico”, remarca Raventós. Por tanto, la RB aumentaría la libertad de las personas para escoger determinados caminos.

¿Y cómo afectaría a los sindicatos y a la negociación colectiva? “Una renta básica podría reforzar el papel de los sindicatos y dar más margen a los trabajadores para negociar salarios y condiciones. También podría ser una caja de resistencia en caso de huelga”, subraya Raventós. Y, en el ámbito doméstico, una RB podría aumentar el poder de negociación de muchas mujeres frente a empleos precarios y reconocer y facilitar el trabajo de cuidados. “Aumentaría la autonomía económica de muchas mujeres y reduciría la dependencia de relaciones actualmente tóxicas que muchas deben soportar por no tener ingresos”, explica Raventós.

Otra derivada es que la RB, al estar desvinculada del crecimiento económico y “al desmercantilizar el mercado laboral, podría desincentivar el éxodo hacia las grandes ciudades y facilitar actividades locales, a diferencia de lo que ocurre ahora. Desde una perspectiva ecológica, podría permitir reducir las jornadas laborales e incluso el consumo”, añade Raventós.

Fundamentación ética de la Renta Básica

Si bien es cierto que la sustitución masiva de empleos que ya está provocando la Inteligencia Artificial acelera la necesidad de la RB, “la razón de fondo es ética. Se trata de garantizar el derecho a la existencia independientemente de si puedes trabajar o no, porque ya vemos que cada vez más trabajar no será posible para todo el mundo. Debemos estar muy atentos porque también existen pronunciamientos favorables a la renta básica por parte de personas que quieren acabar con el Estado del bienestar. También nos preocupa que se destine poca financiación o poca redistribución de la riqueza para financiarla”, señala Raventós.

La Renta Básica, según las encuestas realizadas en Cataluña, cuenta con más de un 65% de apoyo entre la población. “En estos momentos, en el Parlamento de Cataluña, excepto quizá la izquierda más transformadora (CUP, ERC y los Comuns), que pueden verla con simpatía, la mayoría está en contra de la renta básica”, lamenta Raventós. Más allá de buscar el apoyo ciudadano a través de una ILP-Iniciativa Legislativa Popular, como ocurrió con la Renta Garantizada de Ciudadanía, los promotores de la Renta Básica valoran más la posibilidad de realizar planes piloto que aporten más información.

La Renta Básica en Cataluña

En la legislatura anterior, con el Gobierno de Pere Aragonès (2021-2024), fruto de un acuerdo de investidura entre la CUP y Esquerra Republicana, se puso en marcha la Oficina del Plan Piloto de la Renta Básica Universal. El plan piloto se diseñó con un universo de 5.000 participantes que recibirían la asignación monetaria: 2.500 seleccionados aleatoriamente de toda Cataluña y 2.500 de dos municipios catalanes. Preveía una duración limitada de 24 meses, así como las actuaciones necesarias para evaluar sus impactos, y contaba con un comité científico, un consejo asesor y una evaluadora externa.

“Desgraciadamente, los equilibrios políticos y, en este sentido, el Partido Socialista, junto con la derecha y la extrema derecha, presentaron enmiendas a los presupuestos de la Generalitat del año 2023 y el plan piloto cayó. Habría valido la pena poder llevarlo a cabo para disponer de muchos más elementos de análisis y valoración sobre la conveniencia o no de una renta básica”, relata Raventós.

Asimismo, en Barcelona, durante los años 2018-2019, mil hogares del Eix Besòs participaron en el proyecto piloto B-MINCOME, que combinaba una transferencia monetaria con diversas políticas activas de inclusión sociolaboral. Los resultados fueron positivos al incidir sobre aspectos como la reducción del estrés financiero y de las deudas familiares, el aumento de la felicidad y del bienestar subjetivo, la reducción de determinadas afecciones mentales y físicas, la mejora de la calidad alimentaria, el refuerzo de la participación y de la confianza social e institucional, el aumento de la autoconfianza y del emprendimiento, etc.

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