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Teologías utópicas y distópicas en las Jornadas de las teólogas españolas

Los días 8 y 9 de noviembre, han tenido lugar en Madrid, las XXIII Jornadas de la Asociación de Teólogas Españolas, bajo el sugerente tema «Espacios habitables y tiempos de mujeres. Teologías utópicas y distópicas». El sábado 8, durante la presentación de las Jornadas, la presidenta de la ATE, Montserrat Escribano Cárcel, recordó que hace un año, ni ella ni otras compañeras de Valencia no pudieron participar presencialmente, a causa de la dana. Un ejemplo muy reciente de como el cambio climático está alterando el medio y la vida de las personas y de la necesidad de trabajar juntas para aminorar las dramáticas consecuencias que provoca. Y ser capaces de elaborar “teologías incómodas” que ayuden a hacer de nuestras ciudades espacios seguros y de convivencia, con ojos de mujeres. A continuación, presentó la primera ponente de las Jornadas, la profesora Carmen Román, de la Universidad Loyola de Granada. En su ponencia, «Ellas en la ciudad: rehabilitando el espacio y el tiempo», planteó cómo los procesos de urbanización rápidos y radicales, llevan a la necesidad de una reflexión teológica y ética urgente y con perspectiva de género. Hizo un paralelismo entre el papel de las mujeres en la Iglesia del s. I, citando a Prisca y Lidia, y la lucha las mujeres de un barrio periférico de Sevilla, para transformar un espacio carente de recursos y servicios en un espacio de convivencia y acogida, que me recordó la historia de mi barrio periférico de Badalona. Prisca y Lidia aparecen en los Hechos de los Apóstoles, ayudando a la misión evangelizadora, haciendo de su casa y de sus comunidades espacios hospitalarios y de cuidado, de reflexión y cambio. En este proceso de transformación, encontramos unos elementos muy importantes que son: Como conclusión, Carmen Román situó el papel de la teología urbana en el marco de la sinodalidad, de la acogida a los excluidos, de los migrantes… situada “desde donde nace la vida”. La segunda ponencia, estuvo a cargo de la profesora Sofia Nikitaki, de la Universidad de Lovaina. Bajo el título, «Viviendo una vida no religiosa: Reimaginando la Teología a través de voces marginales», habló desde su propia experiencia, presentándose como teóloga no creyente, defendiendo que la teología tiene que nutrirse también de las aportaciones de las personas no-religiosas. Dice que si la Teología y los estudios religiosos tienen que acercarse a las realidades de las sociedades contemporáneas, estas voces se tienen que tener en cuenta, y crean además, nuevos cuestionamientos sobre divisiones binarias clásicas: creencia/increencia, religión/secularidad, espiritualidad/racionalismo… Para argumentarlo, la profesora Nikitaki explicó su investigación doctoral respecto de este tema, basada en un estudio sobre la experiencia de 64 jóvenes milenials, no religiosos, en tres países: Grecia, Noruega y Bélgica (Flandes). El estudio refleja la dificultad que tienen de definirse como “no-religiosos”; las connotaciones negativas que les sugiere el término “espiritualidad”, o la imagen negativa de las iglesias mayoritarias que junto con el concepto de “religión”, se relaciona con poder, imposición, control, faltade respuestas a sus situaciones vitales… Un elemento a subrayar en todo el estudio es la importancia fundamental del contexto sociocultural que marca diferencias notables entre los resultados recogidos: en Grecia, la religión es central a nivel sociocultural y político y es residual en Noruega y Flandes. La tarde del sábado, se hizo un homenaje a un grupo de teólogas muy importantes, algunas de ellas fundadoras de la ATE y otras, grandes colaboradoras: Mercedes Navarro, Carmen Bernabé, Isabel Gómez Acebo, Roser Solé y María José Arana. En un diálogo muy bien llevado por la periodista Ester Calderón, hablaron de los inicios, con el objetivo de hacer teología desde el punto de vista de las mujeres y difundirla, para “mostrar y demostrar” que la voz de las mujeres tiene valor también dentro del mundo eclesiástico, donde no contaba. Ya había cierto movimiento: Mujeres y teología, el Colectivo de Mujeres en la Iglesia… Comentaron las dificultades con las que se encontraron: Y enumeraron las aportaciones que han ido haciendo: Pese a las dificultades, animan a la esperanza: Creo que su mensaje alentador se puede resumir con las palabras de Isabel Gómez Acebo: “Somos templos del Espíritu Santo y tenemos mucho que decir”. Después hubo la asamblea de socias. Domingo 9 por la mañana, tuvimos la tercera ponencia: «Teología urbana en tiempos de crisis climática» de la profesora Martina Bär de la Universidad Graz (Austria). Partiendo de Jeremías, 29, 7: “Procurad el bien de la ciudad donde os he deportado y rogad por ella al Señor, porque de su bienestar depende el vuestro” y desde el recuerdo de la dana, reclamó ciudades más justas para las mujeres. Si la ciudad prospera, la gente prospera, como dice Jeremías. La profesora Bär defiende que aunque la sociedad esté secularizada, es necesaria una ética cristiana contemporánea que transforme el espacio urbano; respetando el medio y buscando la convivencia y la paz, estamos transmitiendo la Buena Nueva del Evangelio; es un discurso urbano sobre Dios. Para definir cuál es el bienestar de las ciudades, hizo referencia a las recomendaciones de la Agenda 2030 de las Naciones Unidas, al ágape cristiano y a la ética del cuidado de Kant. Una espiritualidad en una ciudad post-secular tiene que basarse en la inclusión social, en la sostenibilidad y en la paz. Recordó también como la Laudato Si’ propone una economía verde para responder a la crisis antropológica actual. El objetivo 11 de la Agenda 2030, y las propuestas sobre sociología y planificación urbana de Seúl en 1990, son el referente para hacer las ciudades sostenibles e inclusivas, desde una perspectiva de género que promueva la igualdad y acabe con la pobreza y la vulnerabilidad de las mujeres que son las que más sufren la carencia de viviendas y de infraestructuras adecuadas, un insuficiente acceso a los recursos y al poder. Martina Bär señaló la necesidad que las iglesias fomenten el empoderamiento cristiano de las mujeres y de la comunidad, de las ciudades. Citó el valor de la no-violencia de Judith Butler y la praxis política de Dorothee Sölle:

¡¡Creyentes y feministas!!

[Carme Ruiz Marqués] El domingo 2 de marzo de 2025, las mujeres de Alcem la veu y todos los que quisieron acompañarnos nos encontramos en la plaza de la catedral de Barcelona para reivindicar, de nuevo, en el marco de la jornada del 8 de marzo, el feminismo dentro de la Iglesia católica. Celebramos que somos mujeres creyentes y que somos feministas, porque las dos cosas no se contraponen, sino que se apoyan mutuamente. Porque no podemos vivir nuestra fe en una iglesia que no sea comunidad de iguales; porque queremos dejar de sentirnos despreciadas e invisibilizadas. Por eso, el domingo nos presentamos como herederas de muchas generaciones de mujeres que nos han precedido en la lucha para el reconocimiento de nuestra dignidad dentro de la Iglesia. En esta lucha, seguimos el modelo de Jesús —«el primer feminista», como nos gusta llamarlo—, que formó su comunidad uniendo a hombres y a mujeres iguales en dignidad, con los mismos derechos y responsabilidades, y con la misma exigencia.  En la historia más reciente, entre estas luchadoras destaca el Colectivo de Mujeres en la Iglesia, que empezó la lucha feminista hace más de cuarenta años en el marco de una iglesia profundamente patriarcal y cerrada, en la cual era muy difícil —mucho más que ahora— hacer este tipo de reivindicaciones. Y entre estas pioneras, el domingo tuvimos la suerte de contar con la presencia de Maria Pau Trayner y Vilanova, antropóloga, teóloga y activista social. Fue una alegría para todas nosotras que viniera y felicitarla —¡cumplía 89 años ese mismo día!—, dando gracias por su vida. Asimismo, tuvimos presente de forma especial a «la monja de la calle», Viqui Molins, que nos dejó hace apenas unos días, ejemplo y referente en el compromiso con el cuidado hacia los más pobres. En otro momento de la presentación, oramos también por la salud del papa Francisco, muy delicada y que lo ha llevado a estar ingresado desde hace unos días. En el marco de la concentración, quisimos reconocer que, además de su gran testimonio en la preferencia por los más pobres y su preocupación por la paz y el cuidado del planeta, durante su pontificado ha abierto rendijas al hacer posible la presencia de mujeres en cargos de responsabilidad, que hasta ahora nos estaban vedados. Es el caso, por ejemplo, del reciente nombramiento, desde el hospital, de Raffaella Petrini como presidenta de la Gobernación del Estado Ciudad del Vaticano, y, hace poco, también, de Simona Brambilla como Prefecta del Dicasterio para la Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica. Después de la presentación, hicimos una celebración de la Palabra, recordando el fragmento del evangelio de la sanación de la mujer con pérdidas de sangre (Mc 5,25-34). Fue muy emocionante la homilía de Neus Forcano, interpretando este texto tan significativo para nosotras, las mujeres. Oír y escuchar a una mujer predicando delante de la catedral de Barcelona, llena de turistas y gente curiosa que se nos acercaba, fue una prueba del hecho que el cambio es posible.  Neus Forcano hizo una aproximación al texto y a su contexto histórico para ubicarlo, pero, a la vez, ofreció una muy buena actualización de esa mujer marginada de la sociedad, enferma e impura desde un punto de vista religioso. Así, citó a tantas mujeres que hoy en día son víctimas de violencia: mujeres enfermas, mujeres migradas, mujeres pobres… Jesús nos envía para que las sanemos, tal y como él mismo hizo, empoderándolas. Como dice Elizabeth Johnson, cuando Jesús curaba a una mujer, le devolvía la salud al cuerpo y al espíritu y la incorporaba de nuevo a la sociedad. Si el año pasado repartimos panecillos para recordar las comidas que Jesús compartió con la gente a la que quería vincularse, que se convertían en una nueva familia, este año el elemento escogido ha sido el agua. Recordamos la simbología del Bautismo, sacramento que nos iguala, que nos confiere a todas y a todos la misma dignidad, que no distingue entre hombre y mujer, entre esclavo y libre… como nos lo recuerda Pablo y como cantaban en un himno aquellos que se bautizaban en las primeras comunidades. Así, doce mujeres de distintas generaciones y procedencias, recordando el bautismo, se dieron agua y se impusieron las manos, bendiciéndose las unas a las otras. Mientras tanto, una bailarina danzaba en medio del agua del Jordán, representada por largas telas azules en movimiento. Era palpable la emoción que muchas sentimos en esos momentos. Como decía una compañera del colectivo y de la ACO, se hizo evidente la presencia de la Ruah en el sacramento que nos iguala en la Iglesia. Finalmente, hicimos la lectura del manifiesto que aglutina nuestras reivindicaciones y nos solidariza con el resto de mujeres de Alcem la veu y de la Revuelta de Mujeres en la Iglesia. Creemos que es muy importante difundirlo al máximo entre nuestras comunidades, movimientos y grupos. Así mismo, este año también explicamos la propuesta de la Conferencia para la Ordenación de las Mujeres de hacer una huelga de mujeres durante la Cuaresma, para que en este tiempo de ayuno y abstinencia la Iglesia ayune también de sexismo y patriarcado, tal y como menciona la convocatoria. Desde Alcem la veu hemos hecho una serie de propuestas para llevarla a cabo y repartimos un tríptico informativo.  Terminamos el acto convocando a los y las asistentes a la manifestación feminista del sábado 8 de marzo, a las 18h en Plaza Universidad (Barcelona). Y nos fuimos celebrando conjuntamente la fuerza y la alegría de lo que habíamos compartido, la sororidad encarnada que nos impulsa a seguir la lucha, empoderadas por la Ruah que nos acompaña. También recomendamos esta entrevista a tres representantes de Alcem la Veu en el programa “Catalunya nit” de Catalunya Ràdio.

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