«Cubre Dios a mi familia y amigos en Colombia»

Testimonio de una trabajadora de limpieza

[Testimonio de una trabajadora de limpieza entregado a un militante de ACO. Su nombre es simulado] Mi nombre es María, tengo 49 años, y vivo en El Gornal (l'Hospitalet). Soy colombiana, con asilo político porque me asesinaron en mi país a mi hijo de 26 años. Hace un año y dos meses que estoy en Barcelona. 

Trabajo en limpieza en centros de trabajo y en casas. Trabajo con una agencia que me paga 7 euros la hora para hacer una comunidad de oficinas de 16 pisos en escaleras en hora y media. También trabajo con una pareja de personas de 83 y 82 años, pero como debo tomar el metro les dije que no voy a ir porque me da miedo llevarles algo que les enferme, así que ya no cuento con este dinero. 

Estoy asustada y compré gel, tapabocas, guantes pero me afana que se me están acabando y en las tiendas ya no hay. Estoy muy preocupada por mi hijo, y pues por mi. Pensar que en el metro o en las oficinas me contagie asusta. Es agobiante para mí porque debo salir a trabajar para pagar el alquiler y hacer las compras mínimas. No tengo ninguna otra entrada económica.

Con el confinamiento he pasado de trabajar 24 horas a 12, porque los lugares donde trabajaba cerraron. La agencia no me ha querido pagar el mes de marzo, me han dicho que para pagarme debo reponer las horas que me faltan para las 24. Les dije es que ellos cerraron no es porque yo no quiera trabajar. Me dijeron que mi contrato es por prestación de servicios. Al final me van a dar otras escaleras para recuperar las horas que no pude hacer y así poder cobrar. 

En el piso donde vivimos, de unos 75 m² y tres habitaciones, ahora somos siete personas: la chica que rentó el piso, que quiere sacar mucho provecho, dos amigos de ella que les coloca colchonetas en la sala comedor en las noches, una pareja, y mi hijo de 12 años y yo, que estamos en una habitación. 

El confinamiento es agobiante porque todos estamos en casa, por lo que debo esperar a que desocupen la estufa para cocinar así mi niño tenga hambre. El colegio del niño dejó tareas virtuales por lo que debí hacer un plan con una operadora de telefonía porque mi niño necesita wi-fi (al recargar 10 euros duraban solo dos días). De otra parte le permití jugar 2 horas en el celular después de hacer tareas porque aquí no tenemos computador. Juego con mi hijo, leemos y hablamos. A veces salimos de la habitación, pero los inquilinos ven en plataformas de televisión películas que no son aptas para su edad, entonces permanecemos en el cuarto casi todos los días. A un vecino español le caímos mal por ser latinos y cada rato llama al dueño del piso que hacemos ruido. Me da pena con mi hijo que me ve así preocupada y se queda jugando o haciendo tareas en la cama para que el vecino del piso no diga nada. Compré cubos de rubik por internet y él se pasa en la cama jugando y armándolos. Yo lo animo colocando tiempos. 

Oro junto a él. Le agradecemos a Dios cada día que pasa y estamos bien. Le digo a mi hijo: «Como que ya casi pasa esto, yo creo que están a poco de encontrar la cura». 

Creo que puedo ayudar a mi hijo, pero no a mí misma; lloro mucho en las noches y no me puedo dormir rápido porque hace frío y solo tenemos una manta que le doblo en dos para que él no sienta frío. Tengo fe que todo pasará. Sólo pido que sea pronto porque siento se me está quebrantando por el agobio y las vueltas que le daré.

Me mueve mi fe en Dios y la Virgen. Cada día al salir le pido que me proteja y me permita regresar sin enfermar porque mi hijo quedaría solo. Oro a diario y tengo fe que en mayo cuando llegue la Virgen nuevamente a Italia, todo pasará. Cada tarde a las 8 salgo a mi ventana en este país que me cobija para pedir: «Cubre Dios a mi familia y amigos en Colombia».

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