«Me quedo en casa»

Testimonio de un migrante de Guinea Conakry que vive entre nosotros

[por Aboubacar Sidiki Kaké, es pareja lingüística del consiliario Quim Cervera. Llevan 10 sesiones hablando en catalán, tal como pide el Voluntariado por la lengua. Quim al ver que escribía mucho (le gusta escribir) y en especial sobre su experiencia de salir de su país, Guinea Conakry y su llegada a España y en concreto a Cataluña (Barcelona), le pidió que escribiera como ha vivido este todo este proceso y su visión de Europa, Cataluña y Barcelona

¿A quién no le gusta lo bonito o lo maravilloso?

Cuando era pequeño, si me decían que hay un blanco en Europa viviendo en la calle pondría mi cabeza a cortar, ya que no me lo creía. 

Cuando era pequeño en mi barrio (Kakimbo) de Guinea Conakry los blancos estaban completamente idealizados, hasta tal punto que si alguien decía “hay un blanco viviendo en esta misma calle” todo el mundo buscaba verlo, acercarse o tener algún tipo de contacto con él.

Eso es lo que impacta a muchos jóvenes de mi continente como yo, nos hacen creer que Europa es un paraíso, que aquí no falta de nada y que la gente vive feliz, pero la realidad es lo contrario, es peor de lo que nunca hubiera podido imaginar.

Desde el principio nos enseñan la Sagrada Familia, el Tibidabo, la Pedrera, las bonitas playas, la gente con mucho dinero, etc.

Además de robarnos, chantajear a nuestros gobiernos (Europa) nos obligan a irse de nuestros países, porque es la única forma para ellos de implantarse y quedarse con toda la riqueza del continente.

Cuando tomas el camino para ir allí ya tienen estrategias implantadas desde tu casa para impedirte de llegar cueste lo que cueste; lo más importante para ellos es que no llegues.

Permitieron la inmigración porque querían controlar el continente y su riqueza, pero llegó un momento en el que la inmigración ya no estaba a su alcance entonces activaron su estrategia pero ya era demasiado tarde. 

Me llamo Aboubacar Sidiki Kaké, tengo 22 años y escribo desde mi experiencia personal para poder acercar mi realidad a muchos hermanos africanos que, como yo, se ilusionaron con la idea de viajar a Europa buscando un paraíso que no es el que soñamos… 

Europa no es lo que creemos o, dicho de otra manera, no es la Europa de antes, no os fijéis en las imágenes que nos venden en los medios de comunicación o en las redes sociales. De hecho, Europa es lo contrario a lo que nos hicieron creer. Europa es sinónimo de sitios bellos para visitar, hogares aparentemente bonitos y bonitos coches, pero, desde mi experiencia, los blancos tienen una convivencia fea y desproporcionada.

En Europa hay mucho dinero, pero está mal repartido. Ese dinero proviene en un buen porcentaje que son “feos” por dentro y llenos de discriminación, que se creen que son mejores o superiores que los demás, aunque es cierto que entre ellos hay muchas otras buenas personas, así que no voy a generalizar, e insisto, es mi forma de ver la realidad desde mi llegada a Europa.

Dedico un tiempo para escribir porque creo que es una buena forma de aportar mi apoyo a los jóvenes de África y Europa y de hacerles entender que los derechos humanos son respetados cuando se habla de un/a europeo/a o diferentes continentes o países ricos.

Por mi experiencia os puedo también asegurar que las leyes de extranjería no son respetadas, son solo artículos escritos, nada más.

Uno inicia un viaje sin saber si llegará a su destino, sin saber lo que le espera durante el viaje, arriesga su vida atravesando el desierto y el mar con la esperanza de llegar a Europa y hacerse una vida mejor y el resultado es que se encuentra con una vida peor de lo que tenía en su casa de África.

Europa es un lugar donde a nadie le importa quién eres, de dónde vienes o por qué has huido de tu casa.

Donde nadie se preocupa si has comido o no, donde nadie te pregunta por la mañana si has dormido bien o no, en breve, donde no existe la vida social.

Uno llega a Europa y tiene tres o seis meses como máximo de mínimos cubiertos, ya que te ofrecen la vivienda, la comida, el transporte para poder moverte en la ciudad y un poco de ropa para vestirte, pero en cambio, como todo tiene precio en Europa: te “beben la sangre”.

Después de esta “falsa” vida que te ofrecen por un tiempo muy reducido, llega el momento de la verdad, el descubrimiento de la verdadera cara de Europa porque desde entonces solo tienes dos salidas, pedir asilo o el arraigo social.

Considero que pedir asilo es la opción más apropiada, pero solo se puede pedir asilo si huyes de tu país por algún conflicto, una guerra, una persecución religiosa, racial y/o familiar. Muchos de los casos son rechazados, pero por lo menos tendrán abrigo un tiempo determinado y, si tienen la suerte de trabajar, ahorran algo de dinero y al cabo de dieciocho meses le dirán si es aceptado o no.

La segunda salida es buscar una fundación de acogida o una familia que te pueda acoger durante un tiempo o durante tres años y que se comprometa a ayudarte por tu regularización. Entonces lo que has de hacer es empadronarte y estar en el país durante tres años preparándote y buscándote la vida como puedas para sobrevivir.

En los años que llevo viviendo en Europa he visto muchos casos de gente que acaban en la calle sin un techo donde vivir y sin ninguna ayuda.

Hoy en día hay muchas fundaciones que se dedican a ayudar a esas personas que están en la calle, acompañarlos en su día a día para que no se sientan solos y para no caer en una depresión.

Nunca pensé que podría haber europeos viviendo en la calle, pero sí, es una realidad que he vivido y me permitió concientizar y borrar la falsa idea que tenía de Europa de mi mente y enfrentar a la verdadera cara de Europa. 

Tiene su punto de ironía que un africano que está esperando regularizar su situación ayude a los “sin techo” europeos. 

Todos los que piensan que ese continente es un paraíso se derrumban de su camino.

Por lo otro lado, también nosotros, los inmigrantes, somos culpables de esta falta de concienciación si no contamos la verdad a los que están allí en África, enseñamos falsas imágenes de nosotros a través de las redes sociales, a través de las llamadas móviles, hacemos creer que vivimos bien, mientras sabemos que la vida que estamos vendiendo a los demás que están allá se acabará en breve y empezará el calvario.

¿Por qué no contar la verdad?

Así evitaremos que muera más gente en el desierto, en el mar, o evitaremos que lleguen más personas como yo a Europa para sufrir, vivir indignamente o sentirse obligados a hacer cosas que no sean favorables en el futuro, sin olvidar el rechazo, la discriminación, la xenofobia y la diferencia que podemos vivir aquí.

Cuando llegué a España, concretamente a Barcelona, tuve una oportunidad de esas que no se pueden dejar pasar: conocer la fundación BarcelonActúa y otras fundaciones parecidas. 

Gracias a esta fundación soy capaz de contar todo lo que estáis leyendo ahora.

Un día por la tarde visité el comedor de esta fundación donde dan de comer a los sin techo y entonces me di cuenta de que Europa es solo un nombre que tiene una influencia, pero que en realidad es tan solo un continente, a pesar de haberlo idealizado, y que no hay nada de extraordinario y nada especial que no pueda ofrecernos nuestra querida África.

Reconozco que me ha impactado mucho mi labor como voluntario a las personas “sin techo”. Me ofrecí voluntariamente porque quería ayudar. 

Al ver a la cantidad de personas que vienen a recoger comida, ropa, abrigos, mantas y zapatos, pensé que era una manera única de ayudar. “Cada una de esas personas viven en la calle por una razón o por un motivo, si no puedo sacarlos de ahí, entonces mejor dedicarlos un minuto para hablar, compartir y reír”, pensé!!

“No me quieres ver, pero siempre estás en mi casa”, es un dicho del país y este es el juego de Europa; no nos quieren ver, pero siempre están en África porque de allí viven, además nos ponen la vida difícil y nos rechazan para que no salgamos adelante, porque les falta confianza en sí mismos, tienen miedo de que mandemos todo lo que ganamos aquí a África.

En África hacen lo mismo, nos roban nuestros recursos, la riqueza mineral, la riqueza geológica, la riqueza cultural y la educación, sin pensar ni respetar que nosotros también tenemos que vivir. 

Queremos tener acceso a una educación adecuada, queremos desarrollar las culturas de nuestro continente, cuidar de nuestros bosques y de los seres vivos, no necesitamos ayuda humanitaria, solo queremos una verdadera independencia y que podamos usar nuestros recursos y lo que nos pertenece.

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