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Con motivo de la muerte de Lluís Bonet i Armengol (Barcelona, 17.9.1931 – 7.8.2026)

Obituario escrito por Josep-Maria Font i Gillué, militante de Terrassa

Lluís Bonet rodeado de parroquianos y otros amigos en el centro de la primera fila en el último acto al que asistió en la Iglesia Unida en Terrassa.

Este verano nos ha dejado Lluís, compañero (1977-1991) en la parroquia de san Cristóbal, él como rector y yo como vicario. Fueron unos años que no olvidaré nunca por la riqueza social y pastoral que encontré implicándome tanto como pude y supe. Lluís fue un buen maestro con quien compartíamos muchas vivencias empezando por el seguimiento de Jesucristo, escultismo, patria y una incansable voluntad de servicio a todo el mundo, austeridad, plegaria, ecumenismo, vida social en el barrio de Ca n’Anglada y en toda la ciudad, etc. Solo puedo decirle: gracias Lluís y perdóname el disgusto que te di al decirte que lo dejaba. El paso del tiempo nos ayudó a los dos a superar la desavenencia, prosiguió nuestra camaradería hasta tu último momento. Los últimos años, cuando nos despedíamos siempre nos decíamos, el uno al otro, hasta siempre y si no nos vemos hasta el Cielo. Y esta es nuestra esperanza.

Cuando viniste a la parroquia, muy viva y dividida, el reto de encarrilarla no era fácil, dada la división que había dentro del laicado y dentro de los curas que la servían, cosa que afectaba a la pastoral de toda Terrassa. Con tu sumar y nunca restar fuiste abriendo camino y buscando, con corresponsabilidad con el laicado, nuevos caminos de participación eclesial (hoy diríamos sinodalidad). Tu hacer cuajó progresivamente en lo que llamamos la pastoral de conjunto, y a continuación se abrieron nuevas perspectivas eclesiales parroquiales y en toda la ciudad. Al ser nombrado Vicario Episcopal de la Zona Terrassa-Rubí, que incluía también las poblaciones de la cercanía, toda la pastoral se encomendó de tu saber hacer y ganamos en la unidad, no exenta de dificultades.

Te has ido como tú querías, sin ninguna despedida suntuosa, entregando el cuerpo a la ciencia hecho que ha facilitado tu despedida. No repetiré lo que ampliamente desde tu marcha, se ha escrito y tampoco repetiré cosas ya dichas en la glosa, que me pidió hacerle, con motivo de la entrega de la Medalla al mérito Ecuménico que le fue entregada en el siempre acogedor Templo de la Iglesia Unida de Terrassa en 1993. Un buen amigo mío de la parroquia me decía hace pocos días: “La Iglesia no supo aprovechar a un futuro obispo, que tenía todas las cualidades para hacer un buen servicio a toda la ciudadanía”. Era una persona sencilla que hablaba en plata y actuaba en consecuencia, quizás esta es la razón porque no lo hicieran obispo.

A su lado aprendí mucho y me confirmó en un modelo, hoy en minoría practicante, sobrero de brillanteces y ornamentaciones, hoy desdibujado por un puñado de grupos, sino sectas muy autorreferenciales de sus fundadores. Francisco señaló e instó a superar a unos cuántos con nombres, apellidos y agenda en mano. Grupos dichos de espiritualidad, a menudo carentes de compromiso social. Canciones con letras sin mensaje evangélico, puros eslóganes, etc. Son tiempos de falsos profetas, de retorno a las manifestaciones religiosas: procesiones, adoraciones por la noche y de día -casi idolatría-, viajes millonarios del obispo de Roma, irresponsablemente e injustamente a cargo de las arcas públicas, con satisfacción e hipocresía de demasiados gobernantes. Del clericalismo que Francisco también rehusó con decisión y documentos para superarlo. Qué añoranza de Francisco, que salía de madrugada a pasear por las cercanías de la plaza de san Pedro “con el poncho como todo ornamento”, que se sentaba en el último banco de las iglesias que visitaba de repente sin cita previa.

Lluís era sencillo en todo, pocas veces celebraba con casulla salvo en grandes festividades y momentos. El alba y la estola eran signos suficientes. No olvidemos al catalán Casaldàliga inculturado en todo entre los suyos –sombrero de paja y remo sustituyendo mitra y báculo-, el asesinado Romero por denunciar los abusos de la autoridad y tantos otros que nos ponían ante el espejo de los Evangelios, todos nos ayudaban a tomar las propias decisiones con coherencia. Con libertad, para que tomáramos la iniciativa sin direcciones espirituales del pasado que gestionaban y encaminaban la personal e indelegable conciencia.

Amigos, miremos adelante y como nos dice el vasco Pagola, preguntémonos “qué hago yo por una Iglesia más fiel a Jesucristo”.

Convirtamos la Misa del próximo domingo 20 de septiembre a las once en la Parroquia de san Cristóbal en una acción de gracias por tu vida y haberte conocido. Cómo repetías a menudo ante la muerte de conocidos: ¡Aleluya y que en el Cielo nos podamos ver!

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